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¿Desafinado como una campana?
Di Admin (del 09/04/2009 @ 12:23:46, in yo toco italiano, linkato 3784 volte)
¿Quién podría pensar que desde aquellas pesadas campanas de sonidos desagradables que, desde el alto del campanario molestan con prepotencia la calma a su alrededor recordándote que es tarde, pueda salir una melodía capaz de encantar hasta el oído más delicado?
Es lo que pasa en los valles de Bergamo, donde un paseo puede ser acompañado muy a menudo por el eco de conciertos que provienen de diferentes campanarios de la zona.
 
Ya es de noche cuando mi casa rodante llega a Nembro, pequeño pueblo de la provincia de Bergamo, en el medio de la Val Seriana. Un chico desde afuera me hace seña para estacionar el vehículo. Luego, casi sin presentarse, me dice que necesita hacerse una ducha porque el campanario desde el que bajó estaba sucio y lleno de palomas muertas, y una de ellas cayó sobre la cabeza de un campanaro.  Nicola Persico, vice de la Federazione Campanari Bergamaschi, me da así la bienvenida y me anuncia que al día siguiente tiene que despertarse temprano para ir a tocar las campanas en la cercana Zanica.
 
El viaje para llegar hasta el lugar del concierto es acompañado por las estimaciones de Nicola sobre la altura detallada de los diferentes campanarios que encontramos poco a poco por el camino: “éste es alto 23 metros, pero adentro hay sólo 5 campanas”, “nuestro campanario tiene ocho”. Luego me cuenta algunos de sus proyectos futuros: “dentro de dos años tenemos que poder comprar otras dos campañas para el campanario de…” me entero de los precios de una campana y prefiero no escribirlo!
 
En un pueblo cerca de Nembro un cura misionero de regreso de Bolivia, a lo mejor influenciado por la vivacidad latinoamericana, hizo ingenuamente pintar las campanas de la iglesia con diferentes colores llamativos: ¡en el valle todos gritan en contra de este sacrilegio!
 
En otro pueblo hay un habitante que en su jardín hizo construir la punta del campanario, llenándolo de campanas de concierto; en el interior de su casa se pueden escuchar más de 2.500 campanas que llegan de los cuatro rincones del mundo.
 
Durante el concierto en Zanica el badajo de la cuarta campana de repente se rompió; al día siguiente lo llevaron de urgencia al carpintero especializado en campanas para ser inmediatamente reparado.
 
En estas partes se razona por “campanilismo” (en italiano significa también provincialismo N.d.T): cada localidad tiene su propio patrimonio de campanas y su propio repertorio musical y la comunidad local hasta “renunciaría” al pan de todos los días para poder contribuir al mantenimiento y al mejoramiento de las campanas del pueblo.
 
El mundo de las campanas se puede dividir en tres grupos: “campanas”, “campanas d’allegrezza” y “campanitas”. Las primeras son las que se encuentran en el campanario y funcionan a través de las cuerdas clásicas; la habilidad de los campanari que las tocan en grupo se da sincronizando el toque del badajo en la campana de modo tal que se forme una melodía con un ritmo regular.
 
Tocar d’allegrezza significa en vez usar un teclado particular ubicada debajo de las campanas, cuyas teclas grandes están conectadas a través de hilos de hierro a los badajos de las campanas. El campanaro, esta vez solista, usa los puños para hacer presión sobre el teclado y accionar de esta forma la campana correspondiente. Es aquí que se manifiesta la habilidad musical del campanaro.
Para entrenarse el campanaro no tiene que subir todas las veces al campanario, molestando así toda la comunidad… utiliza en vez un pequeño teclado de tamaño reducido, llamado “campanita”, una especie de xilófono cuyas notas son producidas por patillas con tapones de corcho, golpeadas sobre pedazos de vidrio cada vez más pequeños, formando de esta forma una escala musical.

Son justamente las campanitas que salen del canon eclesiástico para entrar en un terreo musical más profano. En el pasado de hecho era costumbre llevarse las campanitas a la taberna y tocarlas a ritmo de polca, mazurca y scottish, combinadas con otros instrumentos como el acordeón, el clarinete, la guitarra, la mandolina, el bajo etc.
Hoy en los valles de Bergamo decenas de jóvenes participan en los cursos de campanitas para poder pronto tocar la allegrezza hasta llegar a levantar con la cuerda los 25 quintales de la campana más pesada del campanario. Un buen ejemplo de esto es la escuela de Roncobello, dirigida por Luca Fiocchi, presidente de la Federazione campanari bergamaschi. Ver el video para creer.
Agradecimientos:Luca Fiocchi y los chicos de la escuela de Roncobello, Valter Biella y su familia, Nicola Persico, Giorgio Persico, organista, por haberme prestado su taller como estacionamiento para mi casa rodante; su asistente, por la cerveza y los buenos consejos, el intendente de Casnigo, los músicos: Giuseppe Signori (de Albino, hijo de Mario, campanaro en Albino), Lucio Mariani, Teresa Villa, Giampietro Crotti, Renata Tomasella.
La canción aquí abajo se llama “Salisburgo”, y se toca con campanas, contrabajo, guitarra, acordeón, ocarina, baghèt. La tradición “campanara” estaba por desaparecer, debido a los cambios socio-culturales inevitables, a la sustitución de las campanas a cuerda con campanas accionadas eléctricamente y a las restricciones de la Sociedad Italiana de Autores y Editores para controlar los repertorios: pero fue “agarrada por los pelos”, como dice el grande Valter Biella que, casi por milagro, descubrió una libreta donde un viejo campanaro había escrito a mano las músicas que tocaba en el campanario (hecho único y raro, considerando que los campanari aprendían el repertorio a oído y nunca daban títulos a las piezas. A veces sólo un número). Gracias a este descubrimiento y al trabajo de recuperación de Valter, el material de los campanari fue puesto nuevamente en circulación y hasta fortalecido por los campanari de nueva generación que, orgullosos, se repropiaron de la música de sus abuelos, dándole nuevos significados, como el tema que pueden escuchar.